La trinidad computacional de las series

El primer ordenador personal, el Programma 101 de Olivetti, tiene ya más de cincuenta años. Desde que se presentó en la feria mundial de Nueva York, en 1964, han pasado muchas cosas en el mundo de la informática y aquello que era poco más que una calculadora gigantesca es ahora chatarra. Llevamos computadores en el bolsillo capaces de hacer prácticamente cualquier cosa que precisemos en nuestra vida diaria. Incluso han creado necesidades nuevas para nosotros. Estamos rodeados de circuitos, de procesos mecanizados e informatizados. El silicio y el cobre conducen nuestras vidas. Sin embargo, la mayoría de los mortales no comprenden los procesos que ocurren en el interior de estos aparatos que utilizan a diario y, más allá de eso, no saben cómo funciona la industria que los produce. Por eso, os traigo tres series, en emisión, relacionadas con este complejo mundo y que, según mi parecer, han sabido tratarlo de la manera adecuada. Quizás podáis aprender algo mientras veis algo que, os prometo, realmente merece la pena.

Silicon Valley

Sillicon Valley es una comedia producida por HBO que comenzó su andadura en abril del año pasado. Trata, utilizando toda clase de clichés, la vida en el californiano valle de silicio que ha sido considerado durante mucho tiempo la Meca del desarrollo tecnológico. En ella, Richard Hendricks (Thomas Middleditch), que trabaja para la gran empresa tecnológica Hooli, desarrolla en su tiempo libre, y en la casa/incubadora de Elrich (T.J. Miller), Pied Piper, una aplicación que permite a los músicos comprobar que lo que están creando no haya sido creado ya por otros. Dicha aplicación resulta tener integrado un algoritmo de compresión de audio revolucionario, cuyo descubrimiento es el principio de toda una aventura por construir y levantar una empresa a su alrededor con la ayuda de Dinesh (Kumail Nanjiani), Big Head (Josh Brener), Jared (Zach Woods) y Gilfoyle (Martin Starr).

Es una serie muy bien construida que trata, a capítulo por problema, todos los contratiempos de tener que crear una compañía en un lugar donde todo el mundo quiere tener una, y compite por tener o conseguir desarrollar la idea que lo haga millonario. Cada dosis de media hora demuestra frescor y buen hacer. Y, por si alguno tiene dudas sobre la calidad del retrato que hace este show sobre la vida en el valle, os dejo las palabras de Aaron Levie: “lo malo de la serie es que se parece mucho a la vida real en Silicon Valley. Y lo bueno también es precisamente eso.”

Mr. Robot

Mr.Robot
Mr.Robot es la gran sorpresa de las series de 2015. Sobretodo porque está emitida por USA Network, la cadena que emite los procedimentales que estáis cansados de ver, olvidables después de cada capítulo. Pero esta vez estamos ante un thriller psicológico envuelto por el mundo de la seguridad informática y el ciber crimen, presentado por primera vez en vuestros televisores de una manera realista. Esto no tiene nada que ver con los “expertos informáticos” que hay ahora en todos los grupos de protagonistas de las series de Hollywood. Aquí no hay una solución a dos teclas de distancia. No se aporrea el teclado para salvar el mundo mientras aparecen letras de colores e interfaces de diseño futurista en el monitor. Esto no es “Hackers” (1995). Sam Esmail (Comet, 2014), director de la serie, tenía muy claro cómo quería representar el elemento técnico. Y se hace evidente que no quiere caer en efectismos introduciendo elementos artificiales ni personajes de relleno que te expliquen en qué consiste cada uno los términos que utilizan. No necesitas saber qué es un rootkit para seguir la trama, ni nadie va a llamar a las fuerzas especiales, hacer explotar cosas porque si o lanzar un cable USB desde un avión para conectarlo en un reluciente deportivo a toda velocidad (aprende, Scorpion) sólo porque no puedes acceder a un servidor. Se hablan de soluciones sencillas, de nodos infectados, de cambiar DNS, de ser, al fin y al cabo, resolutivo, para mostrar así la inteligencia y capacidad de sus personajes.

Su protagonista, Elliot (Rami Malek), es un joven con problemas para relacionarse que sufre de alucinaciones, algún trastorno paranoide, depresión crónica y que está enganchado a la heroína. Trabaja por las mañanas como administrador de sistemas en una empresa de seguridad cibernética y, por la noche, es un hacker con sed de justicia que aplica su propia ley. Y sin comerlo ni beberlo, se ve a sí mismo metido en toda una conspiración en contra del capitalismo y el sistema financiero establecido de la mano del extraño personaje de Christian Slater (Entrevista con el vampiro, 1994), Mr. Robot, quien le introducirá en el grupo antisistema que encabeza, llamado FSociety. El enemigo es Evil E Corp, una empresa que representa todos los vicios y males de la sociedad actual y que es, además, un trasunto de Enron Corporation.

Sin duda, lo más interesante de Mr.Robot es su personaje principal, que es también su narrador. Uno nada fiable. Lo observamos todo desde su punto de vista. El punto de vista de un enfermo y drogadicto que nos habla, rompiendo la cuarta pared, como si fuéramos una persona en su cabeza; un ser inventado. Elliot transforma al espectador en su enfermedad. Por esto, y por sus alegatos en contra de lo establecido, ha sido comparada con El Club de la lucha (1999). También, gracias a su afán de “borrar” a los malos usando sus conocimientos de informática, se la ha comparado con Dexter. Pero creo que esta serie tiene una entidad y forma propia de hacer las cosas. Creo que ha demostrado tener todo lo que hay que tener para que la tengamos en cuenta. Por fin algo diferente en vuestras pantallas.

Halt and catch fire

Halt and catch fire

Es la última de las tres, pero no por ello es menos importante. De hecho, Halt And Catch Fire es mi favorita, y sin duda creo que si aún no la habéis visto, deberíais hacerlo. Como Silicon Valley, es una serie que dio sus primeros pasos en la parrilla el año pasado, para ser más concretos en verano, y que ha conseguido enganchar a todo aquel que se ha atrevido a sentarse para verla.

Joe MacMillan (Lee Pace) es un antiguo empleado del gigante azul, IBM, que llega a Cardiff Electric con intenciones que no parece querer desvelar. Allí, convence a Gordon Clarck (Scoot McNairy), un antiguo ingeniero de sistemas que se ha reciclado a sí mismo como un hombre gris de oficina y cubículo, para que trabaje con él en practicar ingienería inversa sobre un ordenador IMB y recrear el código ensamblador de su BIOS. Por desgracia para Cardiff, IMB descubre lo que está ocurriendo y denuncia a la compañía por tratar de violar su propiedad intelectual. La única solución posible es crear una nueva división dedicada al desarrollo de ordenadores personales y contratar a una programadora, Cameron (Mackenzie Davis), que no tenga nada que ver con el proyecto y pueda reconstruir la misma BIOS a partir de unas pocas especificaciones que reciba sobre esta.

El objetivo de McMillan es desarrollar el primer PC portátil y que, además, sea compatible con el software que lleva un IMB PC. Así, esto se transforma en una historia de David contra Goliat. La pequeña empresa Cardiff contra el gigantesco IMB. A ninguno de los personajes implicados les resultará fácil a ningún nivel.

Es una serie que ha sabido llevar a la pantalla toda aquella industria que estaba en pleno desarrollo en los años ochenta. Una serie, además, a la que le gusta hacer guiños a la actualidad tecnológica con algunas de las ideas de los personajes. Se puede ver aquí, perfectamente, que la genialidad de todas aquellas personas llevaron a la industria donde está ahora. Sin embargo, he de decir que es una serie de personajes. Si, lo pasaréis mal pensando si conseguirán o no cumplir con los números, si entregarán el ordenador a tiempo o incluso si podrá llegar a ser portátil. Podréis quedaros asombrados de todo lo que ocurre o puede ocurrir en el proceso de creación de una de estas máquinas. Pero sin duda, el plato fuerte son sus protagonistas, sus relaciones, su forma de llevarlo todo y de intentar sobrevivir. Los vais a odiar, los vais a querer, sentiréis pena por ellos… Vais a pasar por todos los estados por los que ellos pasen. Es un producto lleno de intensidad emocional en el que los capítulos de una hora se pasan en volando.

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