Fargo (1996), basado en falsos hechos reales

Fargo (1996)No es mala persona, sólo un patán. Está metido en un lío y necesita una solución. Al entrar, Jerry se quita los guantes y busca, desde la puerta del local, al tipo con el que le han puesto en contacto. Está en el fondo del bar con un grandullón rubio que no para de fumar y no parece muy amable. Se sienta con ellos y aclara el primer malentendido sobre la hora a la que han quedado, porque llega tarde. Tienen siete botellines de cerveza sobre la mesa y llevan esperando una hora. También se ve obligado a explicar que no es un trabajo de pago por adelantado. Hace esto para conseguir el dinero, no puede pagarles ahora. Quiere que secuestren a su mujer y pidan un rescate para que su suegro, el reputado empresario, ponga la pasta. Ellos se quedan con una mitad y Jerry con la otra para solventar sus problemas. Es un negocio limpio, nadie saldrá herido y al final del día su esposa volverá a casa para preparar la cena y cuidar de su hijo. Así es como se inician la serie de nefastos sucesos y asesinatos que componen Fargo, la película que los hermanos Coen llevaron a la gran pantalla en 1996.

Era el sexto film de Ethan y Joel y también el más comedido hasta el momento. Habían llegado a la madurez estilística sin perder sus señas de identidad y se aventuraron en este proyecto basado en hechos reales (que resultaron no serlo), al que acompañaron con la música de su habitual colaborador Carter Burwell, con el que aspiraban a llegar a un rango de espectadores mucho más amplio que con sus proyectos anteriores y con el que al fin Hollywood les haría caso, la academia de cine la nominó a siete Oscars, de los que se llevaron dos a casa: mejor actriz y mejor guión original.

Con esta película hacen un retrato magnífico de la América profunda a través de los diálogos, que son, sin duda, el punto fuerte del film. Consiguen fabricar un despiadado retrato de los personajes sencillos acostumbrados a una vida simple, que al mismo tiempo resulta ser un homenaje a su idiosincrasia y forma de ser en el que dejan la defensa del pueblo, ante la repentina aparición de tres cadáveres, en manos del personaje de Frances Mcdormand, una shérif embarazada de trato maternal y moral impecable. Se ocupa de la investigación mientras atiende asuntos ajenos a la cuestión. No es un personaje típico de un thriller, una superagente que dedica por completo su vida al caso que resolverá en un alarde de lo que pueden llegar a parecer superpoderes, sino que es una ciudadana más y usa los mismos gestos y expresiones que el resto de sus vecinos. A pesar de esta implicación simplemente profesional, es la más indicada para el trabajo. Los directores usan esta distancia con la investigadora para tratar la historia como algo diferente al género policiaco que parece ser el film al leer la sinopsis.

Excluyéndola a ella y a su entorno más inmediato, el resto de los personajes se mueve en tonos grises, que evitan el poder categorizarlos como buenos o malos. Todos terminan por ser víctimas en cierto modo, pero también verdugos. Están movidos por la avaricia y el egoísmo. Dentro de este retrato tan diferente a lo habitual, el más destacable es el protagonista interpretado por William H. Macy, que, a pesar de ser quien desencadena todo, es un simple vendedor de coches de apariencia inocente y cobarde.

También es cine gamberro. Hay escenas de violencia repentina y desmedida que le han llevado a recibir algunas críticas en contra, pero personalmente creo que entra dentro del tono que los Coen dejaron impreso en el resto de la película, que roza siempre el humor negro, y ni siquiera los espectadores con los estómagos más sensibles tienen nada que temer pues no entra dentro del terreno de lo explícito.

No hay que olvidar lo que Fargo supuso en su año. Una generación completa comenzaba a descubrir un tipo de cine macarra que era exclusivamente suyo y al que Tarantino había abierto las puertas. Se convirtió en uno de los títulos que definirían la época. Los personajes mantienen largos e ingeniosos diálogos, que no necesariamente cumplen un propósito dentro de la acción, y las escenas tienen algo más que ofrecer al film que simplemente añadir información a la trama.

Cuando estrenaron esta película yo aún tenía cuatro años, así que obviamente no pude disfrutarla en su momento y tardaría al menos una década en conseguirla y sentarme a disfrutar de los 98 minutos que dura. No es una clase de cine muy habitual en Hollywood y fue una grata sorpresa encontrarme con esta perla de la que todavía no sabía demasiado. Me parece magnífica. Los planos de los personajes en los paisajes llenos de nieve son inolvidables y, aunque la pareja de hermanos que aquí dirigen y guionizan no siempre hacen proyectos de mi agrado, creo que esta es una de las obras que cualquier amante del cine que se precie, o que esté desarrollándose como tal, no debería perderse. Si estás leyendo esto, no creo que puedas dedicar tu tiempo libre de mejor manera.

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