Indie Game: The movie

Los videojuegos han sido siempre una parte muy relevante en mi vida. Quizás para muchos es difícil de comprender, pero yo pasé mi infancia frente a la pantalla machacando los botones del mando y sufriendo porque Mario no llegaba a rescatar a Peach, que siempre estaba en otro castillo. Aún dedico tiempo a esta afición, porque me sigue emocionando y porque, en los veinte años que han pasado desde que superara mi primera pantalla, el medio ha evolucionado en su capacidad para entretener, enseñar, hacer sentir y contar, y no deja de sorprender. En definitiva y por muchas razones, para mi es importante que cualquiera que se adentre en estas líneas llegue a comprender la complejidad del medio en todo su proceso. Desde que nace la idea hasta que el jugador consigue alcanzar el final de su odisea virtual. Estoy muy seguro de que aún existe la sensación de que los videojuegos son cosa de críos, tanto en su desarrollo como en el simple hecho de disfrutarlos, pero cualquiera que preste un poco de atención se dará cuenta en seguida de que esto no es así. Es mi cruzada. Quiero que los que nunca se han atrevido a pensar en el  videojuego como algo que va mucho más allá de los tiros en la pantalla para entretener al niño de la casa, se replanteen su forma de pensar; y sin duda quiero que los que ya juegan lleguen a comprender la profundidad del medio y sepan apreciarlo y valorarlo en toda su amplitud. Creo que el largo que os traigo hoy nos servirá para esto.

indiegame

En “Indie Game: The movie”, se puede ver perfectamente lo que sufre un creador a la hora de desarrollar su idea. Y creo que contiene los mejores ejemplos, porque sus protagonistas son chicos que en su día disfrutaron del otro lado de la industria. Ellos estaban allí detrás de sus pantallas, presionando los botones adecuados para hacer que Sonic le pateara el culo a Robotnik, y ahora están picando interminables líneas de código y dedicando meses y salud a cada detalle de su creación.

Es un proyecto nacido en kickstarter que tiene ya tres años. Originalmente fue estrenado en formato digital, aunque acabó pasando por el Sundance Film festival, del que salió con el premio “”World Cinema Documentary Editing Award”. Está realizado por James Swirsky y Lisanne Pajot, dos personajes de origen canadiense, que un día decidieron retratar parte de la emergente escena indie en el mundo de los videojuegos y que se ocupan de dirigir, guionizar, editar… de todo exceptuando la banda sonora, que corre a cargo de Jim Guthrie, responsable de la música de ‘Sword & Sworcery’.

Este documental recoge las experiencias de una serie de desarrolladores independientes durante los últimos pasos del desarrollo de sus juegos, la finalización de los mismos y su comercialización. Concretamente, nos presenta la historia de Edmund McMillen y Tommy Refenes con su “Super Meat Boy”, Phil Fish y su “FEZ”, y Jonathan Blow con “Braid”.

La virtud de “Indie game: The movie” es que destruye el mito del desarrollador de videojuegos. Al terminar de verla ya no pensarás en los desarrolladores como afortunados nerds que se divierten con algo a lo que tu difícilmente llamarías trabajo. Se muestra, no sólo el lado amable, sino también la angustia por la que atravesaron los realizadores de tres juegos independientes, juegos que probablemente conozcas. La película te da una lección: por cada uno de estos que han sido escogidos como ejemplo, hay cientos intentando dar el golpe de suerte cuyos esfuerzos quedan en nada.

Edmund McMillen y Tommy Referees fueron los primeros elegidos por los directores. “Meat Boy” inicialmente se había desarrollado como un juego flash para navegadores, pero su aplastante éxito hizo que Nintendo encargara el proyecto de llevarlo a WiiWare. Otro seleccionado es Phil Fish, desarrollador de “Fez”, juego que fue lanzado mediante Steam. Durante la realización del documental, Fish aún estaba trabajando en el juego que originalmente estaba anunciado para 2008. Lo podremos ver luchando para terminarlo en medio de una batalla legal con su ex pareja de trabajo y sus propias obsesiones acerca de la perfección. Por último, tenemos a Jonathan Blow con su juego “Braid”, que fue anunciado en el Tokyo Game Show 2007 y se puso a la venta  en agosto de 2008. Braid había recibido hasta el momento los premios “Innovation in Game Design” y “Best Puzzle Game of E3 2008”.

Este proyecto nos enseña que nadie regala nada, que hay que trabajar y esforzarse para conseguir lo que uno se propone por muy complicado que parezca el camino y que los sueños no se convierten en realidad de la noche a la mañana como en una elipsis de película familiar hollywoodiense. Y sobre todo, enseña que alguien que se dedica a crear videojuegos, que quiere participar de esta industria y ganarse la vida dentro de ella; también, como todos nosotros, tiene que sudar y apostar su vida para sacar adelante su idea.

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