Bojack Horseman

A veces es inevitable acabar viendo una serie. Se alinean todos los astros y, de repente, empiezas a oír un título por todas partes: la recomiendan tus podcasters favoritos, la están viendo tus amigos y no deja de aparecer en tu timeline de Twitter. Es lo que me ha ocurrido con “Bojack Horseman”. Después de escribir la que fuera la segunda entrada de este blog, “La animación que merece la pena”, me la recomendaron para que formara parte de aquella lista de series animadas y, después, no pude dejar de escuchar el título una y otra vez en boca de todos. Y no sabéis cuánto me alegro de que haya ocurrido. Cuando, hace un par de semanas, el servicio de Netflix llegó a España y la encontré en medio del catálogo de este “videoclub digital”, pulsé el botón de play para no detenerla jamás.

Es la primera serie de animación producida por Netflix y, gracias a su gran éxito, ya tiene confirmada una tercera temporada. Se sitúa en un mundo en el que conviven humanos y animales antropomorfos, y cuenta la historia de Bojack, que es la  estrella de una sitcom de los años noventa llamada “Horsin’ Around” -Título traducido en España como “Relinchando”- que planea volver a la vida pública gracias a una autobiografía que dictará a la escritora fantasma Diane Nguyen. Lidia con las exigencias de su agente y ex-novia Princess Carolyn, su compañero de cuarto Todd Chavez y su enemigo Sr. Peanutbutter mientras lleva lo opuesto a la vida “normal” de una persona sana. Es acohólico, mujeriego, antisocial y carece de cualquier tipo de filtro o conciencia. No tiene respeto por las mujeres con las que se acuesta, por sus amigos o por sí mismo.

Sin embargo, detrás de su cinismo y un montón de capas, esconde una trágica historia que a Bojack le cuesta mucho contar. Entre otras cosas, porque el inventó el dejar las cosas para mañana y prefiere pasar el tiempo revisionando una y otra vez su propia serie para no tener que enfrentarse a sus recuerdos. La oferta de la editorial Penguin que, a punto de ser embargada, confía en convertir las memorias de Bojack en un éxito de ventas que los saque de la banca rota, es su oportunidad de redención. Es la excusa perfecta para hablarnos de la triste vida de un tierno caballo que creció en un hogar desestructurado y en el que no recibió ningún amor, pero si toda una retahíla de lecciones nefastas.

Como telón de fondo de la serie, tenemos el star system hollywoodiense, al que se critica sin reparos en un ejercicio de meta televisión sobre las comedias de situación, sus clichés y el cambio de arquetipo en la ficción que ha hecho que no soporten el paso del tiempo. Ha convertido a sus estrellas en juguetes rotos y el centro de todo tipo de leyendas negras. También caen el periodismo sensacionalista o la propia sociedad americana, a la que se pone en tela de juicio por su patriotismo exacerbado, que llega a veces al ridículo.

En ‘Bojack Horseman’ no hay nada que no pueda decirse o hacerse. Es sincera, divertida, adulta y la serie que deberías estar viendo.

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