Battling Boy

Paul Pope es un nombre que el mundo del cómic conoce y respeta. El artista, más que reputado dentro de la corriente principal gracias a obras como *Batman: año 100* y también en la escena independiente por títulos como *Heavy liquid*, es una figura que tiene peso propio gracias a su particular estilo. En 2013, publicó *Battling Boy*, una obra en la que guioniza, dibuja y entinta, disfrutando de la única compañía, en esta ocasión, de Hilary Sycamore, quien se encarga de los colores. Encontré este cómic gracias a la aparición de David Rubín en los *Spin-offs* que llegaron posteriormente y la capacidad del libro para introducir al lector en la acción desde la primera viñeta y de retenerte  hasta la última página lo ha convertido en una recomendación para hacer a cualquier persona habitual o no del medio.

Battling Boy

El argumento gira alrededor de los extraños acontecimientos que aterran a los habitantes de Acrópolis, por la que una multitud de monstruos vaga con total libertad, secuestrando niños para arrastrarlos al oscuro inframundo, y dejando un terrible rastro de destrucción a su paso. El único hombre que podía ayudarles, Haggard West, ha muerto en combate y la ciudad se encuentra desamparada, pero un semidiós de doce años aparece para ser su salvación. Se nos ofrecen elementos como dioses nórdicos, multiversos, tierras paralelas o el clásico héroe contra el mal que parecen haber sido más que desgastados por una cantidad infinita de obras anteriores a esta, pero que son desarrolladas aquí con una fuerza revitalizante y una identidad increíblemente atrayente. Estamos ante un Pope desatado y en su mejor momento.

Todas las virtudes del autor estadounidense quedan reflejadas en esta obra. Todas sus influencias reconocidas y reconocibles, como lo son los autores clásicos europeos como Hugo Pratt, quedan aquí plasmadas de manera obvia. Sus diseños se alejan mucho de las líneas del cómic para grandes públicos, bebiendo de muchos conceptos que pasan por el arte pop o la moda de los años setenta. Su trazo expresionista hace que las chaquetas, los vaqueros y las camisas vaguen a sus anchas con frescura y cierto realismo gracias a sus pliegues y su capacidad para entender las texturas y las formas. Absorbe conceptos clásicos y los filtra a través de su punto de vista personal, creando soltura en las figuras y desarrollando perspectivas complicadas de manejar para la mayoría de los autores. Pope imprime un ritmo y dinamismo que hace que sus imágenes cobren vida, dando la sensación de estar moviéndose sin parar. Todo esto en una obra donde todo es acción, diversión y aventura y el argumento da pie a constantes escenas de batalla. Nada más adecuado.

La obra rezuma personalidad, tanto por sus personajes como por la composición del entorno. La ciudad, cargada de detalles, nada tiene que ver con los contornos neoyorquinos que nos ofrece habitualmente el cómic de superhérores y se acerca mucho más a las líneas que creaba el francés Moebius. La mezcla entre el paisaje formado por las casas bajas de techos a dos aguas, con antenas, cables y farolas que lo abarrotan, y los diseños nórdicos y toques dieselpunk resulta ser una auténtica delicia visual. Encontraréis una maravillosa y auténtica obra única, de las que se ven pocas. Una muy buena razón para preguntar en vuestra librería favorita por el tomo de 208 páginas que ha editado *First second*.

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