Las últimas supervivientes

Porque me encanta, no querría asegurar con demasiada severidad que el género slasher murió en los ochenta, que sólo supo entenderse y pudo hacer funcionar sus mecanismos sin que le chirriaran a nadie en aquel momento, perdiéndolo todo en algún punto entre la quinta y la novena entrega de Pesadilla en Elm Street. El cine de terror en general pasa por un mal bache, pero este nicho de asesinos que persiguen a adolescentes americanos empeñados en perder la virginidad parece que sólo se encuentra cómodo en la autoreferencia y la parodia y que somos incapaces de encontrar una película que pueda redefinir y revivir el género. A finales de siglo apareció en el panorama la saga Scream, iniciando una nueva tendencia de revisitar la escena para hacer risa del criminal y las víctimas, aludiendo a los lugares comunes de este tipo de cine; pero su tercera y cuarta parte acabaron por desvirtuar los hitos de la original y su inmediata secuela. Este año, sin embargo, tenemos un título en esta linea del que pueden estar tan orgullosos sus artífices como los espectadores aficionados a las historias de terror protagonizadas por Freddy Krueger, Jason o Mike Myers.

The final girls

Las últimas supervivientes es metacine de terror, parodia y escepticismo. Una cinta llena de cariño hacia el género cuya primera virtud es que no trata de engañar con lo que ofrece. No tiene altas pretensiones que finalmente no cumple, sino que es una película totalmente autoconciente de qué clase de producto es. Un grupo de amigos son absorbidos por una pantalla de cine para verse encerrados dentro de un slasher ochentero con un argumento lleno de referencias nada sutiles a Viernes 13, en el que se convertirán en víctimas del psycho-killer de turno. Están el campamento juvenil, los personajes arquetípicos clásicos y se cumplen las normas sobre quién y por qué debe morir alguien: si tienes o has tenido relaciones sexuales es inevitable que acabes sin cabeza. Y aunque todo parece dispuesto para asistir al visionado de otra película de este estilo, un título más que añadir al montón de “para ver con amigos y cerveza”, Las últimas supervivientes sorprende a pesar de las bromas genéricas y clásicas y de la falta de asesinatos especialmente creativos. El film de Todd Strauss-Schulson se centra en estudiar la mecánica interna del slasher más clásico, sus recursos y cómo afectan a la lógica propia de este universo ficticio, y no insiste en la clara estupidez de los personajes principales o en parecerse a Scary movie o Cabin in the woods. El director hace todo un ensayo sobre cómo funciona esta clase de cine logrando que, a pesar de ello, su obra tenga personalidad propia.

Otra de las bondades del film es el tratamiento que hace de los personajes. No se dedica a, simplemente, dibujar estereotipos, sino que se preocupa de otorgarles dicha condición para introducirlos en un juego en el que sus roles no tienen posibilidad de cambio mientras los personajes externos, conocedores del código de la película les ayudan a adquirir autoconciencia. Pero donde la película se alza de manera indiscutible, es en algo que el género ha dejado atrás durante mucho tiempo. Se trata de una relación madre e hija, en la que en contraposición a la relación clásica con el mundo adulto que tiene el slasher en el que siempre es una molestia, el conflicto de esta película trata de solucionar este aspecto a través de la reconciliación de dos generaciones totalmente diferentes. No es cursi, rosa ni está excesivamente edulcorado, sólo se trata de situar en el tablero el hecho de que aquellos a los que ahora reconocemos como adultos una vez también pasaron por la complicada etapa del adolescente, y que por tanto, más allá de la diferencia de edades, son posibles la empatía y el aprendizaje en ambas direcciones.

Si, a veces cae en tópicos, pero no se convierte en algo molesto   ni para el espectador ni para el director, que parece querer poner el cliché como un accesorio necesario, como gatillo de todo el interés de la acción en su película, en la que sitúa en un plano central aspectos habitualmente secundarios del género. Hace una película disfrutable en más de un nivel, en la que ha sabido ir más allá de forma inteligente, creando un universo con coherencia, un discurso, un objetivo y lleno de diversión. Así que si sois seguidores de este tipo de cine, y os vestís con la mentalidad adecuada, no hay ninguna excusa para dejar de ver este título.

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