Making a murderer

Cuando a finales de año Netflix llegó a España y pude suscribirme, lo primero que hice fue realizar una excavación de lo más exhaustiva por su catálogo; y aunque hay muchas series, películas y programas de lo más interesantes, he de admitir que lo que más consiguió captar mi atención fueron sus producciones propias, de las que ya había oído hablar antes de contratar el servicio. Una de ellas, Making a murderer, fue una de las primeras a las que dediqué un binge watching.

Making a murderer

Moira Demos y Laura Ricciardi estaban tratando de grabar un documental sobre el caso de Steve Avery, que durante la década de los ochenta había sido acusado injustamente de un intento de violación. Era 2003, y tras pasar en la cárcel 18 años, sale en libertad tras a unas pruebas de ADN que hasta entonces la tecnología no permitía hacer y que le demuestran inocente. Pero entonces ocurre. Mientras Avery se encuentra en mitad de un procedimiento judicial que ha iniciado en contra de los funcionarios del condado de Manitowoc, que lo llevaron a la cárcel gracias a una investigación policial irregular, es acusado formalmente del asesinato de Teresa Halbach, una joven desaparecida cuyos restos aparecen cerca de su vivienda. Las directoras de este proyecto deciden quedarse para contar todos los detalles de un proceso que durará años y que terminará por convertirse en una serie de diez capítulos a la que Netflix ha puesto su sello y que publicó el pasado 18 de diciembre.

Esta serie, que tiene un montaje espectacular, engancha y no admite el visionado de un sólo capítulo a la vez. Poner delante de ti la pantalla del ordenador, la televisión o el móvil para verla, supone que no conseguirás escapar de tu asiento durante horas, así que coged provisiones y aseguraros de hacer antes una visita al baño. Encontraréis un documental incómodo, que pone de relieve todos los fallos del sistema establecido y que hará que vuestras tripas se revuelvan y os comáis las uñas. Es intenso, es emocionante y frustrante al mismo tiempo. Aunque encontraréis una potente trama sobre juicios que queda muy cerca del thriller, vuestro corazón acabará por dar un vuelco cada vez que recordéis que lo que estáis viendo son hechos reales, sin dramatizaciones, actores hermosos y preciosas composiciones musicales que pongan distancia y los hagan más llevaderos.

Es un producto que resulta imposible no recomendar. No obstante, ha conseguido hacer llegar su historia a miles de personas y ha obligado a actuar al propio Obama, presidente de los Estados Unidos.

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