Saga

Hace ya mucho tiempo que Saga, editada por Image, consta entre mis series de cómic favoritas. No sólo es un gran ejemplo de cómic de autor, teniendo en cuenta que ha conseguido tanto éxito comercial como entre la crítica y que contiene una historia con la que el autor, Brian K. Vaughan, está cumpliendo el sueño de su infancia, publicando todo lo que ya imaginó en aquella etapa de su vida, sino que además es una delicia llena de personajes fantásticos creados desde la más pura imaginación, sin filtros. Un trabajo en el que sin duda la dibujante Fiona Staples es una parte indispensable. Ella se encarga de los diseños con total libertad después de recibir breves descripciones del guionista, en las que se expresa de la forma más libre posible. En esta obra tenemos, entonces, a un tándem de autores que desarrollan una historia desde un punto de vista muy personal en la que trabajan sus medios de manera independiente y eligen cómo expresarse, colaborando para crear.

Saga

Vaughan y Staples desarrollaron un precioso universo entremezclando elementos que provienen de ciencia ficción y la fantasía, en la que la épica tiene un poco de Star Wars y algo de El Señor de los anillos, a la que se le suma una historia de amor y familias enfrentadas de la que Shakespeare estaría orgulloso, pero que se desarrolla en mitad de un conflicto entre planetas e incluso galaxias. A pesar de los tópicos de los que se vale la historia para avanzar, no pierde personalidad ni fuerza en ningún momento y encontramos en ella la huella de sus dos autores, sobre todo gracias a que lo importante de Saga reside en sus interesantes personajes y su crecimiento.

Los protagonistas y fondos de estas fantásticas viñetas no tienen o  no parecen haberse encontrado con ningún límite a la hora de ser diseñados, y es así como el protagonista ha llegado a tener cuernos y la protagonista alas de insecto, hay niños fantasmas, mujeres arañas o robots con cabeza de televisor a los que encontraremos manteniendo explícitas relaciones sexuales. Y a pesar de todo esto, que podría parecer algo más que absurdo, la obra no se pierde en el entretenimiento vacío, puro y duro, sino que por el contrario están al servicio de una historia atrapante desde el inicio que no aburre con largas presentaciones, sino que nos introduce de lleno en el conflicto desde el primer momento y que nos permite dejarnos llevar por su argumento del que iremos encontrando detalles poco a poco, según el guionista los ha predispuesto. Así obtenemos una narrativa llena de dinamismo que nos lleva a devorar los tomos con rapidez, sin perder profundidad, de la que podemos disfrutar con cada relectura.

La serie, está llena de humanidad a pesar de sus inverosímiles puntos de partida, y tiene una gran capacidad para llegar a los lectores y hacer que se sientan identificados e involucrados. Algo en lo que colabora tanto el destacado trabajo  en el desarrollo de personajes, las situaciones que son reales y humanas a pesar de su envoltorio de fantasía y la naturalidad en sus diálogos. Una historia llena de un poder emocional  que no es muy convencional encontrar en ninguna historia dentro o fuera del mundo del cómic y que no debéis dejar escapar  ahora que Planeta DeAgostini la edita en España y ha publicado ya cinco tomos.

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