Titan Souls

Hace tiempo que los títulos independientes han llegado a las plataformas más comerciales, como las consolas de Sony o Microsoft, y, cada vez más, se ponen a la altura de los grandes juegos gracias al apoyo del público, la crítica y las distribuidoras, que han ido consiguiendo gracias a que demuestran originalidad y una alta calidad técnica, utilizando el espíritu de los video juegos clásicos y las oportunidades que les brindan las nuevos avances tecnológicos dentro del medio. Titan Souls, que he adquirido hace poco, es un gran ejemplo de esto, y, siendo un compendio de elementos de otros títulos, se muestra como algo original, fresco y como todo un reto hasta para los más veteranos del mundillo.

Titan Souls

Al iniciar Titan Souls, nos transformaremos en un personaje sin nombre ni personalidad. No encontraremos una escena introductoria que nos muestre por qué estamos en ese escenario, cómo hemos llegado hasta allí o qué es lo que nos mueve. Al presionar el botón de inicio, nos veremos a nosotros mismos en un paisaje de enormes dimensiones donde nuestro único propósito es la de asesinar a los titanes que encontremos en nuestro camino. No hay progresión, no encontraremos power-ups y la curva de dificultad es inexistente. Simplemente estamos nosotros y las diecinueve almas con las que tendremos que enfrentarnos para llegar hasta la verdad, literalmente, e intentar derrotarla también. Lo único que mueve este juego es el combate puro y duro. Nos encontramos en posesión de un arco, una flecha y una única vida, por lo que si cualquier enemigo nos toca habremos muerto y deberemos de volver a empezar. Lo realmente interesante viene cuando descubrimos que, al igual que nosotros, los titanes tienen también un sólo punto de vida. Así comienza la gran guerra que es este juego. Todos los enemigos son jefes finales, que van desde un Yeti, pasando por un cerebro en el interior de un cubo de hielo, hasta una serpiente con poderes eléctricos. Disparar nuestra flecha e ir a recuperarla o atraerla hasta nosotros gracias a una suerte de poder magnético, mientras esquivamos los ataques de nuestro contrincante y buscamos su punto débil, será nuestra única forma de vencer.

El juego está desarrollado por, tan sólo, tres personas. Mark Foster, Andrew Gleeson y David Fenn del estudio Acid Nerv, asentado en Reino Unido, tuvieron la gran idea de combinar elementos de The Legend of Zelda, Shadow of the Colossus y Dark Souls. Nuestro protagonista anónimo podrá correr y rodar al igual que Link, morirá incontables veces de las maneras más despiadadas como lo haría en Dark Souls y se embarcará en una búsqueda por recolectar las almas de gigantescos jefes al igual que en Shadow of the colossus. Aunque, por desgracia, nuestra experiencia no se volverá un cuento épico como suele serlo en nuestras aventuras por rescatar a la princesa Zelda, la muerte no tiene el significado que si tiene en la saga de juegos dirigida por Hidetaka Miyazaki, y tampoco encontraremos la poética en el asesinato de cada titán como ocurría con los colosos del título desarrollado por Team Ico. Así que aunque estos tres creadores consiguen un cocktail interesante con las características que han escogido de cada saga, y que son referencias que notaremos en todo momento al movernos por el juego, todo se reduce a características mecánicas que han perdido su significado en el trasvase.

Aquí no hay pequeños enemigos con los que podamos aprender, trampas ambientales, ni un orden que nos indique con cuál de los titanes debemos enfrentarnos primero. El aprendizaje sobre cómo derrotar a cada una de estas criaturas lo haremos a través de la muerte, tratando de sobrevivir algunos segundos más cada vez para memorizar los movimientos del boss. La batallas, que obviamente representan el núcleo del juego, son brutales, recordables, y desde luego nos conceden esa momentánea gratificación que obtenemos en los video juegos de From Software, para compensar la sensación de frustración después de una infinidad de intentos de derrotar al enemigo, cuando finalmente lo conseguimos. Aunque en algunas pocas ocasiones el gran componente de azar que afecta a cada batalla nos lleve a derrotar a un titán por pura suerte, todos los enemigos tienen patrones que debemos examinar, dominar y usar para, finalmente, poder salir victoriosos, por lo que acabaremos sudando después de acabar con cada oponente.

El Pixel art seleccionado para ilustrar este videojuego, aunque es destacable, tiene sus altibajos. Por un lado, está lleno de belleza y el diseño de algunas zonas del gigantesco mapa son más que memorables, pero por otro, muestra algunas deficiencias en ciertas zonas en las que no parece que el cuidado por el detalle haya sido el adecuado y se echa en falta algo del cuidado artesanal que, por ejemplo, Phil Fish dedicó a cada bloque en su juego Fez. Al final del día, a pesar de todo, el título cumple más que sobradamente en el apartado gráfico y consigue sorprender en algunas ocasiones mostrando efectos climáticos o radicales cambios al desplazarnos de zona en zona o llevarnos a otras dimensiones. Otro punto a favor es, que tanto interiores como exteriores, respetan sus dimensiones reales. Es decir, cada puerta para acceder a un calabozo o la habitación de un jefe, es proporcional al tamaño del interior, y lo veremos reflejado desde fuera. No accederemos a un espacio reducido que se vuelve gigantesco al introducirnos en el como si estuviéramos entrando en la Tardis del Doctor Who.

La banda sonora es de los aspectos más destacados, introducida correctamente en los momentos en que entramos a un área nueva o despertamos a un titán. Desarrollar música para una experiencia como esta no es tarea sencilla, teniendo en cuenta que debe funcionar para establecer la atmósfera deseada y que el jugador va a escucharla una y otra vez por el gran número de muertes y  los consiguientes reinicios que tendrá que afrontar. Añade épica a cada batalla y hace de los largos paseos, que debemos dar entre contrincante y contrincante por el gigantesco mapa, algo agradable y no una obligación engorrosa.

Aunque no podríamos contar la duración de este juego como uno de sus grandes valores, su rejugabilidad nos ayudará a suplir este punto, gracias a que después de acabar el juego una primera vez, desbloqueamos el modo Hard, donde los jefes se vuelven más fieros aún si cabe, el modo Iron en el que sólo contaremos con una vida para toda nuestra aventura, y el modo No-roll que como su propio nombre indica no nos permitirá rodar para escapar a los enemigos. Un cazador de trofeos deberá invertir una buena cantidad de horas.

Al final, aunque no estamos ante una aventura donde encontraremos un progreso real y nos muestren una profunda y elocuente narrativa, sino que es más bien somera, se agradecen los elementos como los titanes, que tienen diseños tanto estéticos como mecánicos de lo más creativos, y los controles precisos que muestra este título, ya que encontraremos que es todo un placer rodar, correr, disparar y recuperar nuestra flecha gracias a la fluidez que muestra el juego al llevar a cabo cada una de las acciones que ordenamos desde el control. La originalidad, la estética escogida, la genial banda sonora y el increíble reto que supone hacen que este pequeño título, cuyo precio no supera los quince euros, sea un indispensable para cualquiera de las plataformas para las que está disponible, ya sea PS4, Vita, PC, Linux, Mac o Steam.

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